Una de las cosas que siempre me sorprende mucho en mi trabajo es la gente mayor -y cuando digo mayor quiero decir de 70 años para arriba- , que decide gastar su tiempo y su dinero en hacerse muebles. Generalmente suelen ser buenos clientes y no suelen dar problemas, aunque bueno, hay de todo. Siempre me acuerdo de una señora que me dijo a raíz de que tuvieramos unos problemas con su mueble, que ella podía ser mayor pero no tonta. Normalmente es gente muy sola que a la mínima que les das un poco de confianza ya te cuentan su vida, y claro, hay que ir con cuidado y marcar las distancias porque eso no va incluído en el precio. Los motivos para comprar suelen ser de lo más diverso. En la mayoria de los casos es gente que suele tener muy claro lo que quiere, y no les puedes intentar llevar por otro lado porque no se dejarán, aunque tengan que pagar el doble. A veces se hacen hacer muebles muy raros, con divisiones hasta para guardar los ovillos de lana. Y otras simplemente, deciden cambiar de muebles para superar la muerte del cónyugue.
Una vez me encontré con una clienta que había decidido cambiar el dormitorio de habitación porque los perros del vecino no la dejaban dormir por la noche. Hasta ahí todo normal y comprensible, pero lo que me alucinó fue cuando entré en su casa y aquello parecía un decorado de una pelicula futurista. Todas las paredes de un blanco deslumbrante, ni un solo cuadro en las paredes ni señal de haber estado colgado en otra época. Solamente los muebles necesarios, una mesa con cuatro sillas, un sofa y una mesa para la televisión. Todo era de un minimalismo fuera de lógica, como si poco a poco se hubiese estado preparando para marcharse de este mundo y aquella casa al final era como el cielo en las películas: una blancura que se extiende más allá de lo que el ojo percibe y que pone de manifiesto la temporalidad del hombre y de esos muebles pasados de moda. Si digo que me sorprendió es porque normalmente me encuentro con todo lo contrario, casas abarrotadas de muebles y cosas acumuladas durante toda una vida. Casas que huelen a rancio. Y esta señora era como si se hubiese ido desprendiendo poco a poco de todas sus pertenencias para facilitar la tarea a los familiares, y aquello más que una casa parecía un hospital.
*La tendencia minimalista surge en los 80 en Italia, teniendo una influencia oriental, en especial japonesa. Para los minimalistas se trata de volver al punto inicial y, a partir de ahí, llegar mediante el mínimo de gestos a la esencia de la arquitectura. EL minimalismo no es solo negación, o substracción, o puritanismo; es la reducción del proceso creativo a conceptos básicos de luz, volumen y masa. Una formalización austera y simple, que a su vez esconde una construcción técnica y elaborada, permite una percepción clara y contundente de los espación sin que haya elementos superfluos que la enturbien.
